LA MARCHA ANTI CUARENTENA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA MARCHA ANTI CUARENTENA

MUCHO MÁS QUE UN GRUPO DE PELOTUDOS IRRRECUPERABLES

 

Las marchas anticuarentena dejaron en evidencia lo que todos sabíamos. No basta con descalificarlos como una caterva  de pelotudos irrecuperables. El problema es un tanto más complejo. Si bien el macrismo fue derrotado en las urnas  lo que Cambiemos  representa en vastos sectores de la clase media  está muy lejos de desaparecer, por el contrario,  goza de muy buena salud y aprovecha los  momento de crisis y zozobra   para ganar el espacio público y   cuestionar  las bases de los consensos sociales en torno a los que se sustenta el poder   del gobierno nacional. Si bien la derecha  carece de  relatos  y  paradigmas claros   es en   su  simplicidad  donde  radica su  potencial fortaleza. Su discurso se estructura en torno a una serie de  ideas  comunes, nociones  simples  o sandeces  tan absurdas que resultan familiares a todos,  emoción en estado puro, el  odio que destila su retorica   tiene la ventaja  de penetrar en el sentido común de la clase media sin pasar por  el tamiz de la razón y eso es lo que lo vuelve masivo. No busca convencer a través de la razón o el entendimiento, busca ensalzar la  emoción para anular el raciocinio que pueda delatar su insostenibilidad.  La oposición antiperonista  se monta  contra de la cuarentena como antes lo hizo contra el cepo cambiario, hoy como ayer  necesita muertes para de ese modo  atacar al gobierno ante una supuesta incapacidad de liderazgo y conducción  para manejar la crisis. El sustrato de las protestas es conocido y muy propio de la historia reciente de nuestro país, las mismas formulas de las marchas anti k durante  los gobiernos de Cristina parecen  reeditarse   en estas nuevas y  bizarras puestas en escena,  con menos fuerza y contundencia, pero con el potencial de constituirse en  el germen de un problema mayor si el peronismo  no toma debida nota de la dinámica  detrás de las practicas de la derecha   y el sistemático accionar del aparato comunicacional de Clarín y afines que le otorgan legitimidad a su discurso,  su accionar y a sus referentes.  

 

EL SENTIDO COMUN ES EL CAMPO DE BATALLA

 

En estas instancias y frente a la debilidad de la nada expresada por estos sectores no pocos grupos del campo nacional y popular  considerarían a  nuestros análisis como  demasiado extremista y hasta  quizás un tanto paranoico. Cuando se enumeran los argumentos opositores resultaría muy fácil avalar esa  incredulidad para con los peligros que  estos grupos representarían  para la solides del andamiaje del peronismo nuevamente en el pode. Veamos entonces algo del trabajo de los medios hegemónicos  y su  desafío en pos de  volver  sentido común a las  construcciones opositoras:

 

La pandemia no existe y es un invento. Los muertos no existen. Nadie murió de covid 19. En Estados Unidos no hay muertos. En Estados Unidos hay muertos pero solo en Nueva York y no son tantos. El gobierno quiere imponer un nuevo orden mundial llamado globalismo. El virus no existe. Las vacunas son una mentira. La cuarentena está causando más muertes. Hace dos meses que no cogen (sic).

 

Pero la otredad que refiere la oposición no existe. El otro que describe la clase media huérfana de referentes y viciada por un  odio rancio hacia el   peronismo como sinónimo de indecencia, incultura, negritud y corrupción,  no existe. Es una mera construcción que se articula en función de  deseos, intereses y anhelos. La  poderosísima tesis   descripta por uno de los filósofos  fenomenologistas más grande e influyente del siglo pasado,   Jean Paul Sartre. Es así como la discusión dentro de los espacios públicos de la democracia queda trunca e inexistente en tanto el otro no es tal. Mucho más aun cuando esa oposición  solo se define por ser anti peronista y carecer de nociones, principios, ideas o conceptos propios. Si daríamos vuelta el análisis, lo mismo encajaría  para el ala más dura del Kirchnerismo de paladar negro  para quienes todos los que piensen diferentes son gorilas o monos piojosos frente a los que ni siquiera vale la pena discutir por lo el mismo proceso  anula  las posibilidades de construir   consensos más amplios y consistentes de los que haremos debida   referencia.

 

Volvemos al núcleo del conflicto discursivo y político. Otra vez, la salida  fácil sería la de  considerarlos como precarios de masa encefálica activa, escasos de sinapsis neuronal, inmunopensantes o eminencias de la nada. Lo cierto es que frente a semejantes barrabasadas  resulta imposible encausar   debate alguno  con sectores que claramente  no se valen de la razón  para interpretar el mundo que los rodea. Sería como sumergirse en un  submundo  donde ganarían  por la propia experiencia acumulada  de todo  inmunopensante  irrecuperable. Este fue un grueso error que el peronismo pago con una dolorosísima derrota en el 2015.

 

Si las medidas sanitarias continúan y  las marchas opositoras logran  aglutinar a sectores asfixiados económicamente  por los efectos  pandemia  se tornará  más difícil  descalificarlos. Es así que cuando se movilicen  pymes o  comerciantes por el simple efecto de la mímesis, a medida que sean más, otros tantos se van a aglutinar y el paso siguiente será el  que esos grupos inorgánicos  encuentren algún  referente que interprete sus posturas  y se  vuelva el líder de una  oposición hoy por hoy  desbandada y sin referentes  visibles dentro de  esta tercera ola  kirchnerista. Por irónico que resulte,  esta también es una condición que los referentes de lo que queda de  cambiemos saben aprovechar.  En el mundo de la  política hay una máxima  que dice que mientras más lejos se está del poder más incoherente, irresponsables o irracionales se volverán los  discursos y  propuesta al carecer de una  posibilidad cierta    de  gestionar la cosa pública. Una ventaja con la que no cuenta quien está en el poder y ostenta  peso territorial.

 

El núcleo duro de la derecha es  un histórico  30 %, pero la gran batalla cultural  es por el sentido común de aquellos que sin pertenecer a la extrema derecha o al  peronismo pueden en ciertas  circunstancias  volcar la balanza a favor de uno u  otro bando  en determinados momentos históricos.  Un delicado juego de consensos cambiante y dinámico como los ánimos de la clase media en nuestro país.

 

NO HAY HECHOS, SOLO INTERPRETACIONES

 

No sirven los ensimismamientos en posiciones  duras e intransigentes de los principios  peronista, aunque sean verdad. Es necesario  abrir el diálogo con el pueblo para  encontrar soluciones originales a nuestros problemas. Sentarse desde el poder a esgrimir una y otra vez el argumento sanitario —que ya sabemos es cierto— no va a alcanzar. El peligro del discurso de la derecha es que puede  robar las banderas que son propias del ámbito nacional y popular  y  derrotar con ellas al propio movimiento. La libertad, por ejemplo,  es una de ellas.

Irónicamente,  el aislamiento social que vulgarmente llamamos “cuarentena” tiene la propiedad de aparecer más inútil a medida que va a teniendo éxito en evitar contagios. Es decir, entre menos contagios hay, menos útil parece ser la llamada “cuarentena”.

Es una paradoja, la misma paradoja de la elevación de las condiciones sociales de las mayorías: a medida que van llegando a la clase media, los trabajadores se van despegando del proyecto político que los sacó de la pobreza. La historia reciente de nuestro país es un ejemplo concreto de la  dinámica que permitió la llegada de la derecha al poder por primera vez en la historia de nuestro país a través del voto popular.  Las paradojas de la política.

Ante estos panoramas es indispensable   construir consensos nuevos en todo momento. El consenso que sirvió hace dos meses —el de que era importante la “cuarentena” para salvar vidas— ya se agoto. Hay que construir  otros. Es la fortuna cambiando, como diría Maquiavelo, por lo que es necesario que el príncipe tenga la virtud suficiente para dominar la fortuna en todo momento.

Hay que cambiar de discurso. En vez de “primero la salud y luego la economía” se debería  pasar a “primero la salud y la economía”. El gobierno nacional debería  atender ambas cosas a la vez, porque si atiende  una sola la derecha  gorila se  montará sobre el argumento de la otra y va a ganar fuerza.

Si el gobierno pretende  sostener el aislamiento tendrá que  sostenerlo con un paquete que resuelva todos los problemas derivados del aislamiento. Con solo repetir “quedate en casa” y “hay que cuidar la salud” no alcanzará.

Es la hora de la política, es la hora de no perder la manija del poder político en el Estado. Y la política no se hace puteando y descalificando al que plantea una necesidad o una disconformidad: se hace prestando el oído y dialogando.

Si el peronismo no pone  el oído, alguien más lo hará.

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