SEAMOS VENEZUELA DE UNA VEZ

SEAMOS VENEZUELA DE UNA VEZ

VICENTIN EL NUEVO SÍMBOLO DE LA DERECHA

 

El verdadero  botín de guerra de la política se centra en definir  el sentido común de la mayor  parte posible  de las nociones y significados de la  clase media en nuestro país. Sectores que flotan entre la derecha y el peronismo y cuya influencia puede volcar la balanza a favor de uno u otro bando en determinados momentos históricos tal como sucediera en las últimas elecciones o allá por el 2015 cuando el kirchnerismo  no fue capaz de constituir un discurso alternativo que pudiera desarticular las nociones internalizadas de la derecha macrista  que lo  describían como sinónimo de ignorancia, incultura, negritud, corrupción y vagancia que habían asaltado el estado para mantener a una masa de desheredados, desdentados y vagos que vivían  a expensas de la clase trabajadora, casi siempre blanca, casi siempre rubia y casi nunca peronista.

 

Venezuela” es una palabra ya instalada en el sentido común de esta generación de argentinos como lo malo, como lo indeseable. Eso no tiene nada que ver con la Venezuela real o con lo que puede llegar a ser realmente. La “Venezuela” del imaginario colectivo, la del sentido común colonizado  es sinónimo de infierno.

 

No hay nada que podamos hacer al respecto, es así. “Venezuela” hoy suena como “URSS” para las generaciones anteriores. Ningún pataleo de nuestra parte movió la aguja en el sentido de cambiar esa percepción y, por más que explicáramos y explicáramos que la URSS era una potencia mundial donde se llevaba a cabo un proyecto político opuesto al de los Estados Unidos hegemónicos, “URSS” seguía siendo sinónimo de infierno en la cabeza de las mayorías.

 

Entonces “Venezuela” hoy no es un país, es un signo. Y es un símbolo para sintetizar todo lo malo, de modo que el poder va a lanzar la provocación de gritar “Venezuela” en todo momento, a sabiendas de que muchos van a tomar a pecho esa provocación y redoblaran  la apuesta: cuando el poder grite “Venezuela”, algunos van a estamparse una bandera de Venezuela en la frente en vez de decir simplemente que no tenemos nada que ver con eso.

 

¿Por qué? Porque están sobreideologizados y van a priorizar siempre la ideología sobre las necesidades reales que tenemos acá. Si reciben una provocación ideológica, la van a parar de pecho y van a devolver el pelotazo con el doble de fuerza. El poder dice “Venezuela” en televisión y salen como desquiciados a hacer mil memes con Chávez y Maduro expropiando Vicentín.

 

En esta instancia es donde es posible caer en el lugar   deseado por el poder. La derecha  necesita  que el relato peronista se haga  cargo de Venezuela —aunque vivimos en Argentina— de esa manera construirá un discurso en torno a un enemigo imaginario que será muy real en el imaginario de vastos sectores de la clase media argentina cuyo sentido común ha sido coptado por el accionar de la maquinaria discursiva de la derecha.  “Ma’ sí, gorila, aguante Venezuela, vamos a hacer Venezuela acá, Chávez, Maduro, el soviet supremo y guarda que te expropiamos hasta el mate, gorila”.

 

Consumada esta parte del proceso,  el andamiaje discursivo mediático de la derecha consigue  la confirmación que  necesitan para dirigirse a esos grupos sujetados por el poder,  el  loraje de TN y Clarín  para, de ese modo,  naturalizar una  idea conocida, nada original pero muy efectiva, esa que indica que  estamos gobernados por  zurdos,  kukas y comunistas que han llegado al poder para  expropiar y robarse  el fruto de su trabajo.

 

En ese punto es imposible debatir una cuestión neurálgica como la  “soberanía alimentaria” ya que todos estas categorías quedan del lado de  “Venezuela” y el “kukas” zurdos que al hacerse cargo de la construcción discursiva de los medios del poder quedan inhabilitados para plantear un debate serio en tanto el sentido común  de buena parte de la sociedad ya ha sido  colonizado por el discurso del  poder.

 

De esta manera se pierden o ganan las batallas por los consensos en una  sociedad, batallas que el macrismo supo leer e interpretar a la perfección allá por el 2015, tanto, que se constituyo en el andamiaje le permitió mantenerse en el poder durante todo su gobierno y cuya influencia persiste hoy en día pero sin un referente que sea capaz de articular ese capital disperso. La oposición carece de líderes y ese es un  aspecto no menor en estos análisis. Vastos sectores de la sociedad antiperonista más  rabiosa  son inorgánicos, dirigidos en parte por la línea editorial de los periodistas estrellas de Clarín y TN que garantizan su legitimidad. Ayer los anticuarentena, hoy los manifestantes en contra de la estatización de Vicentín en Avellanada y Reconquista. La lógica es la misma, dar visibilidad y acentuar  cualquier eventual conflicto que sea capaz de degradar la legitimidad del poder donde se sustenta el gobierno.  La ventaja del peronismo es ser consciente del poder de la derecha en nuestro país y ese aspecto   vuelve compacta la amalgama que cohesiona  la heterogeneidad de la coseidad peronista. Sin fracturas internas, el movimiento tendrá más oportunidades de  soportara y contrarrestar  el fuego del aparato comunicacional de los medios hegemónicos  y dar pelea  en los espacios públicos en busca de ampliar concesos fuera de sus históricos núcleos duros.

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