LOS MEDIOS HEGEMÓNICOS COMO LO VERDADERA OPOSICIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GUÍA PARA TRANSITAR LOS SINUOSOS CAMINOS  DE LOS DESPOBLADOS CEREBROS    DEL  PELOTUDO IRRECUPERABLE  ANTIPERONISTA  

LOS MEDIOS HEGEMÓNICOS COMO LO VERDADERA OPOSICIÓN

Frente a las últimas y conocidas manifestaciones de los sectores más reaccionarios del antiperonismo nacional se vuelve necesario ensayar  un análisis  que permita determinar hasta qué punto es posible sostener alguna mínima  convivencia democrática con estos grupos. Lo cierto es que ante las muestras de odio y violencia extremas, la ausencia de autocrítica, de ideas o  nociones capaces de  traducirse  en propuestas  propositivas, ciertamente,  resulta muy complejo  pensar la sostenibilidad del   sistema democrático ante semejante  nivel de agravio  e intolerancia esgrimida  por  los  sectores opositores.

Si bien para muchos analistas, periodistas y políticos  estos grupos representan sectores marginales, incluso dentro de la derecha más rancia de nuestro país, el aspecto que los cohesiona es el sustrato sobre los  que se fundan los principios de su naturaleza,  un  odio visceral y ciego, un sentir profundo  que son incapaces de  encausar y que, sin lugar a dudas, conforma  el germen de  movimientos fundamentalistas extremos  que ponen en jaque   las bases mismas de los pactos sociales sobre los que se ha edificado el sistema político en nuestro país  desde la recuperación democrática  en 1983. Sin liderazgos opositores  claros, los medios hegemónicos han ocupado  ese rol, sus periodistas y operadores  estrellas festejan y fogonean las  prácticas violentas  de la que se nutren con el fin de construir renovados consensos entre sectores ultra   reaccionarias ávidos de venganza con la que sueñan el retorno al poder bajo el influjo del mantra de la corrupción, la impunidad y la barbarie populista que ha tomado la patria por asalto. Sin más, las más reciente  reediciones  de las antinomias que han sangrado a nuestro país desde hace 200 años.  

Sería un error subestimar el peso de los actos de odio y violencia patoteril de las  turbas opositoras,  el sustrato ideológico  de estos grupos se evidencia en este tipo de prácticas, su esencia está definida  por su  racismo  e ideas   supremacistas  que los conduce a autodefinirse  como la “reserva moral del país”.   José Pablo Feimann solía afirmar que   todos sabemos   hasta donde es  capaz de  llegar el odio de la derecha argentina,  la  misma que persiguió, secuestro  y desapareció  a 30 mil personas con el objetivo   de consolidar  un modelo político y económico adecuado a sus intereses sectoriales sin ningún tipo de amenaza proveniente de sectores   o voces disonantes que pudieran poner en riesgo un proyecto de país  que luego de la última dictadura cívico-militar  se reedito en versiones democráticas, primero con el  menemismo, luego con  la alianza y  más recientemente  con el discurso meritócrata, pero igualmente anti-nacional  y privatizador de  la alianza Cambiemos. La frustración es un condimento esencial de    las marchas del club del odio, como tal,  carentes de  lógica y raciocinio, la otredad construida por estos grupos es un demonio que solo tiene por objetivo justificar su sed de venganza. No dudarían en volver a   aniquilar a la mitad del país si estaría dentro de sus posibilidades.  El odio está puesto en el otro, paradójicamente, desde la perspectiva de la filosofía fenomenologista de Sartre,  el kirchnerismo construido por  la oposición y los medios,  no existe.

Odian al gobierno que no es el que ellos quieren. No conciben que tendrán oportunidad de volver a votar. Si no es el gobierno que ellos quieren, hasta ahí llega el concepto que tienen de democracia.

Convertir a la cuarentena por la peste en una dictadura stalinista es de un silogismo tan simplón que no resiste la inteligencia de un mono. Reclamar por la libertad en relación con la cuarentena, un 9 de Julio, el día que los argentinos declararon su libertad frente a la corona española, es como si la corona española hiciera una marcha porque una manga de autoritarios coartó su libertad de tener a la Argentina de colonia. Entiende la libertad como su libertad y como una forma de supremacía para subordinar a los demás.

Estos libertarios negativos –opuestos a la libertad– que marchan contra la cuarentena, piensan que frente a dos personas con derechos cuyos intereses colisionan, prevalece el derecho del más fuerte. No hay nada menos libertario que reivindicar la libertad del que tiene más fuerza para subordinar al otro. Esa es la esencia del autoritarismo.

 

EL ESPIONAJE ILEGAL Y EL ROL DE LA PRENSA LIBRE

La magnitud del aparato de control ideológico montado por el macrismo, sus lazos con los periodistas estrellas de los medios hegemónicos, la acción conjunta de una   mesa judicial que velaba por sus intereses políticos, en cierto sentido,  conforman  la muestra más  cabal del accionar de un sector  que no reconocen al  otro como parte de los espacios públicos y democráticos en nuestro país. En estos  contextos vale entonces preguntarnos si es posible   pensar en la posibilidad de encausar  un nuevo pacto social y político que permita, por un lado,  sentar las bases de ciertos consensos básicos  en torno  a políticas de estado en  áreas estratégicas, mientras que, por el otro, aunar esfuerzos en pos de subsanar las antinomias que han sangrado al país en estos últimos 200 años. Legitimados y  sostenidos por los grandes medios, se espera que estos grupos solidifiquen y amplíen sus consensos. Valiéndonos de algunos principios de la filosofía de Nietzscheana  quedaría claro que  el verdadero poder del poder radica precisamente en su capacidad de construir e instalar  su versión de la  realidad como la única posible, absoluta e incuestionable.  La posición hegemónica de estos sectores se justifica en su posibilidad  de construir verdades y  realidades paralelas  por  las que transitan el  común de los sectores populares, no solo ello, también de naturalizar en estos mismos sectores    ideas y nociones capaces  de infectar   su sentido común hasta  volverlo en contra de sus propios intereses de clase. La influencia  de los poderes facticos en nuestro país se halla fundada en el doble rol de los medios hegemónicos nacidos al calor de la ley de radiodifusión de la dictadura y la apropiación de papel prensa por la junta militar, que, por un lado, forman  parte de la  infraestructura de los  poderes facticos del país, mientras que, por el otro, constituyen la que Marx denominaba como la superestructura del sistema, sus voceros, constructores de discursos sociales  y de su necesaria  legitimación en el conjunto de la sociedad. Es así como una marcha a favor de la libertad termina con móviles destruidos  y periodistas molidos a golpes.  Claramente,  los medios hegemónicos sienten amenazada su posición, por este motivo, estas turbas opositoras  ofician como sus   fuerzas de choque que resguardan  su  supremacía y la   impunidad del accionar  de lo que ellos definen como “prensa libre”, otra de las tantas  representaciones  transformadas en   sentido común  de    importantes sectores   de la  clase media argentina.

El escándalo de las operaciones en el programa LA CORNIZA  de Luis   Majul resultan  una evidencia paradigmática  de la manera en la que  los  medios hegemónicos y sus operadores estrellas fueron utilizados como  plataformas desde donde  Cambiemos supo disponer del poder del  estado y  sus recursos para montar  todo un andamiaje de sistemáticas operaciones políticas  con el fin de  desgastar, perseguir  y estigmatizar y finalmente  encarcelar   a cualquier sector, propio o extraño, que pudiera oponerse a sus planes de gestión.  Si de algo servirá la podredumbre que salga a la luz a partir de las  investigaciones en curso con respecto a estos escándalos  será  para desmontar la cocina del entramado de los  intereses  de los medios en nuestro país,  su relación con  el poder político  y  los demás poderes  facticos en su esfuerzo por construir realidades y adversarios que sirvan a sus intereses sectoriales y justifiquen su accionar.

 

Pese a su presencia territorial y el peso de sus consensos dentro del propio peronismo, el gobierno ha perdido una serie de  batallas  en la arena mediática, no ha sabido anteponer voces disonantes que puedan contrarrestar el ataque de las estructuras mediáticas que durante las 24 hs repiten discursos que se vuelven carne en sectores huérfanos de dirigentes que los representen. Las marchas opositoras son la única manera que encuentran estos grupos para   desfoguear todo  ese  odio introyectado hacia cualquier acción gubernamental, la pandemia y las medidas de prevención establecidas por  la cuarentena, la posible estatización de Vicentín y el atropello a la propiedad privada,  la libertad de  prensa  representada por los periodistas del poder.  Cualquier excusa es válida  como chivo expiatorio en su esfuerzo por  desgastar al gobierno, aislarlo,  hacerle sentir el peso de su poder y mostrar hasta donde están  dispuestos a llegar con el fin de conservar sus privilegios. El gabinete no han estado  a la altura de las circunstancias en tanto   no han sido capaces de  cuidar las espaladas del presidente y salir al cruce de las manifestaciones opositoras  en la arena mediática  donde el enemigo lleva todas las de ganar, cierto es también que  ningún pelea puede ganarse si no se está dispuesto a  pelearla. Esta situación comienza a abrir  grietas internas dentro de la coseidad  peronista y es en estas circunstancias donde algunos referentes de sectores pertenecientes a las alas más duras del kirchnerismo de paladar negro  empiezan a cuestionar abierta y públicamente  los lineamientos de las políticas del gobierno nacional y hasta el propio  liderazgo del presidente.  El riesgo es enorme ya que los medios hegemónicos y sus periodistas manejan  la agenda pública  ante la ausencia de  iniciativa política de parte del gobierno de Alberto Fernández que, a estas alturas, parece estar  siendo víctima de su propia estrategia política y comunicacional. Con la idea de haber llegado al poder para terminar  con la denominada  grieta entre los argentinos y no promover confrontaciones   estériles, ciertamente,  evita enfrentamientos abiertos con los representantes del poder  que a diferencia del gobierno  no tienen ninguna intención de acercar posiciones. En estos contextos,  el terreno esta allanado para el surgimiento de un bolsonarismo  nacional capaz de encausar esa sed de venganza y muerte que la derecha tanto desea.

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