EL ATAQUE ORCO A LA DEMOCRACIA

EL ATAQUE ORCO A LA DEMOCRACIA

DESDE LA INIDNACION POR EL VACUNATORIO VIP HASTA EL CIRCO  POR LA LIBERTAD EN FORMASA

 

Las bolsas mortuorias con los nombres de los dirigentes del gobierno en las  inefables  marchas opositoras  resultan apenas  otras de las tantas acciones que cristalizan un proceso  desestabilizador puesto  en marcha en el instante mismo  en el  que la alianza Cambiemos pierde las elecciones, en este contexto,  la nueva derecha ultraradicalizada busca instalar un estado de violencia simbólica lo suficientemente insoportable  como para  precipitar actos de   violencia real y  sanguínea. Esta   oposición necesita promover un sentimiento  de desesperanza y hartazgo que allane el  camino hacia un estado de caos  social que vuelva  ingobernable el  sistema de parte del actual gobierno.

 

Se trata de una derecha que, definitivamente, ya no cree en  la democracia y en sus instituciones  como reguladoras  de los múltiples actores que coexisten en una   sociedad, estas  expresiones criminales  y golpistas  muestran el real sustrato  ideológico de sectores que buscan la desintegración de cualquier tipo de  pacto social pre existente con el objetivo de tomar el poder sin los condicionamientos impuestos por un modelo político  que ya no consideran  pertinente  para  la realización de sus intereses de clase.   No hay pues posibilidad de concebir alguna  convivencia mínimamente  pacífica con  sectores que reniegan de la dinámica de la  democracia en tanto  reconocimiento de la  existencia de un  otro diferente.   La intención es llegar al poder y  allanar el camino hacia un proceso de neo-colonización que les permita rematar la republica y ubicarse como una suerte de gerentes corporativos de los mercados internacionales. Una reedición de las antiguas  bases de la ideología Mitrista de la historia según la cual lo extranjero se considera   propio y superior  mientras que lo originario como la barbarie a eliminar.   Luego de las elecciones presidenciales no fueron pocos los que  alzaron sus voces para proponer un país que uniera Bs. As, Santa Fe, Córdoba y Mendoza en una nación separada  que cumpliría  con los requisitos de quienes se autoperciben como el reservorio moral de un  país  blanco,   puro y, fundamentalmente,   libre de cualquier sesgo de  contaminación con la negritud    peronista. Estas expresiones tomadas  como  delirios propios del resentimiento de sectores que no aceptaban   su derrota en las urnas no deberían, precisamente, a la luz de un análisis semiológico,   tornarse a la ligera en tanto  significan  el   real sentir de grupos convencidos de su superioridad de clase, así pues, su poder para  volverse sentido común radica en su simpleza, la ambigüedad de las expresiones en sí  y la   familiaridad que las vuelve cercanas, el caldo de cultivo perfecto para calar  entre las clases  trabajadoras más  despolitizadas y  permeables a la influencia del gigantesco aparato comunicacional oligopólico que articula ese  discurso opositor. El propio gobernador de Mendoza llego a proponer, sin ponerse colorado,  separarse del país  y constituir un estado intendente.  Pocas veces se ha visto en nuestra historia reciente  semejante grado de  desprecio y la exhibición de un  odio propuesto   como una  virtud identificatoria que no  lograr  canalizarse en algo que se asemeje a un  proyecto  político histórico  capaz de presentarse como  alternativa creíble  de mando y gestión. De allí precisamente el peligro real que estas facciones fanáticas representan  para la estabilidad del pacto  democrático vigente en nuestro país desde 1983.

 

Sin más,  el proyecto tiene un norte claro,  el aniquilamiento del peronismo y todas sus expresiones. Sabemos hasta donde es capaz de llegar el odio de la derecha nacional que  desapareció a 30 mil personas durante la última dictadura cívico – militar  y que  lo volverían  a hacer ya que para    sus máximos referentes  las instituciones no  son más que otro de los tantos legados populista  por lo que se  sienten en la obligación histórica  de terminar con lo que, desde su perspectiva, no es más que  una fuerza de ocupación  que ha tomado su casa desde 1945.  No se puede encontrar lógica o razón alguna en sus demandas o posturas, su radicalización implica una disociación completa con cualquier tipo de lógica y raciocinio propio de principios o criterios de la razón ilustrada en tanto  paradigmas que reemplazan   con la potencia de sus  delirios paranoides colectivos. La desintegración de la lógica  discursiva es el  paso previo  de un proceso que busca saltar las instancias de mediación institucional  para promover  un estallido social  que concluya en los objetivos antes mencionados. Es así como Macri puede seguir hablando de soberanía, Bullrich,  ex montonera conversa de la J.P. del ala de  Galimberti, de los peligros de los abusos  de autoridad o Rubestein de la ética en la Salud Publica.

 

No se puede negar que las usinas de odio de estos grupos saben muy bien como alterar la indignación y la tolerancia de  los sectores peronistas que tienen en su condición sanguínea su  más preciado valor  político.  Con el control total de las corporaciones, los  medios y el apoyo de todo el establischment  nacional e internacional, atacan  las bases de los  símbolos de lucha del peronismo a sabiendas  que podrían  generar  una reacción que esperan que escale hasta llegar al derramamiento de la sangre que necesitan para justificar su venganza.  Esa es la idea central, azuzar la violencia para provocar un estallido con el que pretenderán luego justificar su accionar ordenador de un desastre provocado y fogoneado con la intención de borrar cualquier esquema institucional.

 

Los medios, por su parte,  necesitan  corroborar su capacidad de influencia  sobre  aquellos sectores a los que  dirigen sus realidades cargadas de un sentido común  anti peronista, en todo caso, estas manifestaciones  sirven  para  redefinir el caris de su accionar y la carga de consignas deliberadamente ambiguas que le permitan a los dirigentes despegarse de las atrocidades de sus fanáticos para conservar algún matiz de legitimidad. Una maniobra contradictoria, en tanto, reiteramos, asistimos a la emergencia de sectores que ya no creen en la democracia ni pretenden una convivencia con sectores a los que buscan  eliminar.

 

Son momentos de cabezas frías. Es preciso  no entrar en confrontaciones con sectores que no buscan el debate o el intercambio de ideas por lo que resulta fundamental no otorgarle mayor entidad a sus expresiones de odio o a la irracionalidad de sus posturas. Deben ser las políticas y las acciones de la gestión las que tengan el peso suficiente como  para imponerse en el centro de los debates de las mayorías silenciosas  para no quedar rehenes de la agenda que buscan instalar los medios hegemónicos. Pero eso, será motivo futuros análisis.

 

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